Powered By Blogger

Volveré

13 abr 2007

"Te juro que no quería" o el por qué de la actitud con las manitos de los bebés.

Lo recuerdo bien, como si hubiese sido ayer, o más bien, como si estuviese pasando hoy, segundo a segundo. Vos y yo, solos, en mi cama, te acordás?.

entre besos, juegos entre sábanas, movimientos oscilantes, comenzaba el show de afrodita en el vaivén de calor y cuerpos, sentimientos y conocimientos. Sabíamos ambos dos que eso no estaba bien.

Por eso, y sólo por eso, comenzé a acariciarte el cuello con mis manos, y la tentación me obligó (adoro esta sensación de impunidad) a estrangularte suavemente.

Mis pulgares cortando tu respiración, el resto de mis falanges trabajando como pinzas alrededor de tu carne, esa que sostiene tu cabeza, la que debería de rodar por el piso de mi habitación.

¡Qué grata sensación! Todo el placer de sentir tus quejas silenciosas. y mis pulgares cada vez más firmes, presionando. Tus manos se posicionaron sobre mis muñecas, pero todo fue en vano, TODO, y por un momento fuiste de mi propiedad.

La estrangulación es un acto reflejo del hombre. Más bien, es intentar apretar el puño, con bronca, sobre el cuello de una persona. No es una actitud violenta, más bien, una descarga emocional. Se dice que es, hasta en algún punto, un acto de amor puro, en el cuál se comparten todos los sentimientos y se focalizan todas las energías en un solo acto, mutuo, donde cada uno cumple su rol.

Ya, de chiquitos, más bien, de bebés, comenzamos a apretar nuestras manitos en el período de reconocimiento del cuerpo. Si bien la sociedad no toma como algo positivo el hecho de estrangular a alguien, pues ha inventado reglas morales y cosas absurdas como "el derecho a la vida", es sabido que el hombre nace para matar, al menos, a un hombre en su vida, con sus propias manos.

Y tu cuerpo era mío en esos momentos, como siempre, pero más. Me pateabas los genitales y mis ojos se clavaban en los tuyos, que lagrimeaban, no por debilidad, sino por acto reflejo, falta de aire, y un poco de miedo también, no?.

De a poco, te fuiste debilitando, tus patadas nunca dolieron, tampoco te lo dije porque es podría llegar a herir tus sentimientos. De a poco...

Y sin darme cuenta, en ese acto reflejo de largos minutos, te maté, con mis propias manos. No te dejé ser. Fue culpa mía, aunque te haya pedido disculpas en la cama durante el acto. Sabía que no debía hacerlo, pero quise. No me preguntes por qué, si eras lo más importante que tenía.


QUISE MATARTE.


Y no me costó nada cumplir con mi deseo.

No hay comentarios.: