Estuve a su lado durante el poco tiempo de vida que le quedaba. Tenía la mirada perdida, postrado en una cama con sábanas blancas. Nadie iba a verlo a excepto de mi persona, pero claro, eso no me hacía sentir un santo.
Intentaba hacerle más amena su estadía en la dimensión de los vivos, pero la procesión siempre va por dentro, y yo no podía ayudarlo con su cruz, pues tenía mis manos y mis pies clavados en la mía.
El estaba profundamente dormido, y yo lo observaba serio, con este rostro que la vida forjó a la fuerza. Con este rostro frío que no demuestra ningún sentimiento. Me preguntaba en qué soñaba, y me respondía a mí mismo teorías totalmente improbables, como "debe de estar soñando en cómo será la muerte, o tal vez, recordando viejas épocas, o simplemente sueña en una muerte placentera, o en cómo hubiese sido su vida si no hubiese cometido aquel error". Eran todas suposiciones falsas, o irreales.
Muchas veces explicamos lo inexplicable con el fin de sentirnos tranquilos, de matar a la duda. Por momentos estamos seguros de cosas que luego resultan inexplicables e imposibles de creer, pero es el juego de la vida el que nos va enseñando a cambiar, de mutar.
Nos damos cuenta que el tiempo sigue pasando y las estructuras se van desfigurando. Que somos sólo nosotros los responsables de los hechos, y aprendemos a cargar con ese peso, metiéndolo en la mochila que cargamos desde que nacemos.
durmió dos horas, tranquilamente, y yo en silencio, divagando como siempre. Me miró y me dijo:
- "qué hora es?"
-"importa, acaso?" le respondí, frío.
-"haha...no, supongo que a esta altura..."
-"descansá"
-"Gracias" me dijo, y sonrió.
Quedé callado nuevamente, y los recuerdos venían inevitablemente. La pregunta "cómo será mi vida sin él?" no me parecía nada homosexual. Más bien me dolía el devenir, el inevitable futuro.
Necesitaba dormir, yo también, pero la vigilia me podía en ese momento. Yo no quería verlo morir, pero allí estaba, haciéndolo, y me estaba odiando a mí por ser tan morboso y a él por dejarse vencer.
"Era un buen tipo"... ERA... el pasado imperfecto, el pretérito triste. Cuando uno muere, se transforma en un pasado triste. De repente comenzé a comprender...
Me levanté y lo dejé solo, aún vivo, y fui hasta la puerta. Me cruzé a un enfermero y me animé a preguntarle "cuánto le queda de vida?". Pensé que me iba a mirar con odio y me iba a tratar de insensible, pero para mi sorpresa, me respondió "a quién? de qué me habla?". La respuesta no se hizo esperar, igual que la incertidumbre: "Te hablo del flaco de la habitación 438".
"NO HAY NADIE EN ESA HABITACION"
Inmediatamente decidí entrar en la jaula que hacía instantes había abandonado, y efectivamente, la cama estaba hecha, vacía, y las sábanas blancas.
Mi mirada se perdió en el vacío por un rato, y me respondí "se fue, qué bueno."
Salí del infierno, caminando, paso tranquilo y frente en alto, con mi cruz y mi vida, lista para ser vivida.
Volveré
23 abr 2007
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1 comentario:
Sucio hombrecillo
El pequeño y sucio hombrecillo
no llevaba alas,
Ni pañuelo en los ojos y de un ujier modelo,
Lucía las sombrías ropas.
Desde que se enteró del crac, de la bancarrota
De nuestros asuntos sentimentales, se puso en camino
Para recuperar todas sus posesiones.
Nada más bajar de su negra calesa,
Nos dijo: “vengo a recuperar mis flechas
Ahora ya superfluas para vosotros.”
Sin una sombra de pena o de melancolía,
Se le vio embalar la inútil panoplia
De los enamorados que ya no juegan.
Viendo, olvidada, la pobre margarita
Que habíamos desojado, antes, según el rito,
Cuando nos queríamos un poco, mucho,
Uno tras otro, puso en su lugar, los pétalos;
El día antes todavía, hubiésemos formado un escándalo,
Le hubiésemos retorcido el cuello.
Quemó nuestros trofeos, nuestros recuerdos,
Nuestras prendas, retratos, nuestras cartas idílicas,
Un buen lote fue a parar al fuego
Y no rechisté ni me dolió el alma
Cuando, junto con el resto, echó a las llamas
Un rizo de tus cabellos.
Finalmente, para mostrar que hacía tabla rasa,
Borró del muro la indeleble frase:
“Pablo quiere a Virginia”.
A Virginia, a Hortensia o bien a Carolina,
Casi siempre olvido el nombre de la heroína
Cuando la comedia ha terminado.
“No hay que confundir amor y aventurilla,
ni mezclar la rosa y la siempreviva,
nos dijo excusándose,
no hay que tratar como un asunto capital
una pequeña fantasía sentimental,
en adelante no habrá más crédito”.
Amiga, no tomes mi llanto por lo trágico.
Las razones que, esta noche, me han puesto un poco nostálgico,
Son las menos nobles de las razones,
Y yo hubiese enterrado, sin duda, esta historia
Si, para renovar un poco mi repertorio
No hubiese tenido necesidad de canciones.
G.B
a mi.
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