El destino reposaba, sin vida, sobre el escritorio. Javier escuchaba música que no le agradaba por la radio. Estaba solo, pensante, llorando amargamente lágrimas que no eran sólo parte del escenario. La noche devolvía silencio y oscuridad, Aliadas.
El reloj indicaba que eran pasadas las cero horas, y la canción justo terminaba.
“¿Es necesaria la incontenible tristeza y melancolía de un hombre para que mañana la historia sea la misma de siempre?”
A Javier le costaba armar frases coherentes. Apagó la radio, agarró un poco de marihuana que tenía en un cajón de su escritorio, y siguió llorando en silencio. Sus padres hablaban y planeaban el futuro de su "maravilloso" hijo, mientras su hijo planeaba su presente en base al pasado, y se daba cuenta que el futuro había llegado y no era distinto.
Javier dejó la marihuana a un costado, se le escapó un sollozo, lloró como un marica... sentado en su silla, como pudo, llevó sus rodillas a su pecho, abrazó sus piernas, y metió su cabeza entre las mismas en busca de, tal vez, algún refugio.
El viento comenzó a soplar, cada vez más fuerte, y él sabía que ningún milagro llegaría en ese momento.
“Si tan sólo me pudiera levantar...” se decía a si mismo, mientras levantaba la cabeza... El clima no era muy esperanzador: El destino reposaba sobre el escritorio y la marihuana, a un costado, esperaba pacientemente una combustión cuasi inevitable. La tomó delicadamente con la mano izquierda (como si de una mujer se tratara) para luego acariciar su espalda...rasguñarla suavemente, volver a acariciarla... La mujer se deshacía sobre la otra mano de Javier, y se dejaba llevar gustosa y placentera.
Cerró los ojos un minuto, y se preguntó el por qué de sus ánimos por el subsuelo. El sólo tenía ganas de nada, y no había otra cosa que valiera la pena. Sentía que había perdido todo, y principalmente, las fuerzas. ¿Qué mejoraría su situación? Sólo alguna mentira más, algún amor o tal vez una circunstancia pero, ¿sería posible que eso sucediera?
Ya no más.
Débil pero consciente, y al notar que no podía armar una frase coherente al menos en la mente, quiso plasmar sus ideas en lo que fue un intento de carta al alma:
“Ya entendí! Ya entendí!!! No quiero apresurarme a ese momento...sí, lo sé, es inevitable...es ahora? No, no me digan que es ahora...yo sé que tengo tiempo todavía...
Si, bueno, está bien, entiendo que de todas formas esta mierda va a pasar...pero me duele y mucho, no hacía falta que me hagan esto para que yo comprenda la situación...De todas maneras, no debe de ser tan malo...es rápido y fácil, además sería una experiencia nueva (para nada gratificante creo, pero nueva).
Que cagada que sea con esta situación la manera de hacerme notar que no tengo a nadie, absolutamente a nadie conmigo...y que las personas que están, tarde o temprano. Por un motivo u otro deciden irse.
Me siento ahogado, agobiado, atormentado por mis fantasmas, pero debo de aprender a convivir con ellos, tal vez por obligación, tal vez por el instinto y la capacidad de adaptación, o, tal vez, por una fusión entre ambas. Sin embargo: Por qué? No hay una salida mas fácil? No quiero llegar a esa salida, pero tampoco me empujen!!!
Es indudable que no cualquiera puede soportar tantos días juntos, todos pegados, ¿no? Es una mierda todo esto lamentablemente....no hay manera de salir de esta mierda? Si, la hay...
Igual, creo que en toda esta bola de VIDA, algo bueno tiene q haber...no sé en donde, tal vez dentro de uno mismo, tal vez en el “AMOR” (uy, perdón el exabrupto) pero no creo que esa sea la salida...
¡Cuanta tristeza junta! ¿Qué hago? ¿Huyo? ¿Cómo será el mundo real? Me encantaría salir hacia allí...pero no creo que me ofrezca nada mejor de todo lo que me está pasando dentro d mi pequeño mundo de mierda....
A veces pienso si todos pasan por lo mismo que yo; y veo gente que tiene mil problemas y, cuando los comparo con los míos, ellos están peor que yo... ¡pero eso no me arregla! ¡Eso no me alegra! no puedo repararme...y lo mas importante en mi vida se aleja progresivamente a pasos enormes…
¡SI! ¡YA VOY! ¡¡¡NO ME EMPUJEN MAS!!! ¡¡¡¡FANTASMAS DE VIDA!!!! ¡¡DEJEN DE ATORMENTARME!!”
Era la una de la mañana, el viento mecía las ramas de los árboles de Av. Avellaneda al mil, ahí afuera. El y sus sueños no eran nada. Absolutamente nada, o al menos así se sentía. Agarró la marihuana y la siguió acariciando, durante 5 minutos. Ya estaba lista para dejarse abrazar por un sueño de seda que se enciende y se esfuma, sin ser más que una pequeña pesadilla.
Miró la marihuana y también miró el mango del destino. Lo tomó y se apuntó en la cabeza. Lloró amargamente por otros quince minutos, sin parar ni un segundo, creyendo que con esa descarga lograría algo. Sólo más odio hacia sí mismo y sus pares. Nada, el milagro que no llegaba y el tiempo que transcurría sin cesar, como una función continua creciente, progresivamente llegando al inevitable final.
Y sus padres planeaban su futuro cuando el ruidoso destino alarmó a ambos. Su futuro sería el llanto del hijo perdido que abandonó la lucha por falta de milagros.
