La piel comenzó a caerse mientras caminaba por plena avenida de Mayo. Uno no elige el momento en el cuál esto sucede. Simplemente pasa…
Mientras reptaba serpenteante por la calle, la piel y sueños se iban quedando atrás. Yo, también, queriendo olvidarme de todo. Tal vez por un grito de guerra que nunca grité, por un canto de cuna que nunca escuché, o por un sueño que se transformó en pesadilla, volví hacia atrás al notar que mi piel era otra, para compararla.
No podía ver ningún premio en este cambio. Necesitaba a alguien que me cante una canción de cuna. Ya estaba imposibilitado para amar.
Seguí mi camino cuando repentinamente sentí una opresión en el pecho. Ante un acto reflejo agarré mi camisa a la altura del corazón y la apreté, como si así intentara apretar al bobo, y no dejarlo latir.
Era imposible, el dolor se hacía mayor como si a una función exponencial se le fuese aumentando los valores de equis y allí mi mundo colapsaba. Se desfiguraba ante mis ojos y comencé a gritar desaforadamente palabras que no conocía, o que no recordaba.
Siempre tenía un motivo para llorar, pero nunca llevaba pañuelos…Por eso me ahorraba las lágrimas.
Y seguí mi camino, serpenteando, mordiendo a quien se me cruzase, sin discriminar a nadie.
Lamentablemente sigo vibrando en este plano, querida mía, y no obstante pienso seguir con esta actitud.
Y el frío corazón ya me quemaba el pecho como si estuviese sobrevolando brasas incandescentes, y el fulgor me iluminara la mente hasta el punto en el cual la hiere, y la misma desangrara…Pero acostumbrarme al dolor no me tomó mucho tiempo, y como buen cerdo-humano-serpiente marqué un territorio alrededor mío alto impenetrable, aunque imperceptible.
Y la piel fue otra, mientras uno serpentea por las calles aterrizando sobre cada baldosa y contemplando desde abajo al cielo, inamovible pero alcanzable. Así, la piel que fue otra será la piel de ayer ¿o sea que fuere la piel del mañana?
