Esa noche los ojos estaban totalmente abiertos. Espectante, en estado de vigilia, comenzé a sentir en carne propia la inconsciencia en plena inserción a la realidad. Mi mente ya no era mía, y mis deseos tampoco, pues la noche se hacía carne de todo ello y más.
Tenía tu cuerpo desnudo al lado mío, querida. Tus ojos estaban cerrados y sin embargo, esta noche, podías ser mía. Estabas ajena, sumergida en tus sueños.
Te dejé recostada, tal vez exhausta por los hechos acontecidos en mi cama. No vas a negar que en cierta parte te gustó mi morbo. Mi manera de ser te dominó todo el tiempo, y no sabía si gemías del placer o del dolor. En esos momentos no me interesó para nada tu libre albedrío y te mantuve propia como a una esclava.
Mis ojos abiertos en estado de vigilia...Tomé tu mano como si fuese la parte más sensible de tu cuerpo, o el cuerpo más sensible de la tierra, y la acaricié con el más puro amor. Besé tu frente y acto seguido, me levanté de la cama, me puse los pantalones de jean y salí al balcón. Saqué el atado de cigarros, y mientras lo abría, miraba hacia el abismo. Mis ojos iban más allá del cemento, y podía ver al centro de la tierra, ardiente, aislado.
Prendí el tabaco y giré ciento ochenta grados para verte, hermosa, desnuda, mía.
Tus ojos cerrados por completo con tu cara angelical y mis ojos abiertos en estado de vigilia... El faso en mi boca, mi torso desnudo y el jean. El viento en mi rostro, el pucho en los labios, consumiéndose y consumiéndome. Mis cabellos moviéndose, el viento en mi rostro y torso, y vos desnuda.
Te observé como si fueses mi mejor obra de arte, la más hermosa. La octava maravilla, hermosa y dulce.
Estabas en otro mundo, y yo te quería acá.
Te deseaba tanto que no podía esperar a terminar el cigarro... Lo tiré por el abismo, y a mis sueños también.
Fui hacia vos, con todo mi amor...Desabotoné mi Jean, me lo saqué y estaba desnudo, junto a vos. Tu cuerpo hermoso, tu vida en mis manos. No vas a negar que te fascinaba mi morbo, hermosa princesa desburocratizada.
Te deseaba enormemente. En serio.
Comenzé a besarte, a acariciar tu hermoso vientre. Fue casi instantáneo, una cuestión de química. Mi pene sufrió una de las mayores erecciones que haya sentido mi persona, y tal vez sea por el exceso en el consumo de merca, hermosa.
Tus ojos cerrados, angelicales. Mis ojos abiertos, vigilia, coca, morbo. Comenzé a penetrarte suavemente deseando que abrieras los ojos, que vinieras a este mundo, y tu indiferencia me exitaba más y más. Hermosa, tus pechos, tu piel. Duré cuánto amor? Quince minutos? Sí, lo sé, podría haber sido mejor pero estaba apurado, hahaha.
Me levanté bañado en tu sangre. Tus ojos cerrados, muertos. Mi pene flácido y mi torso bañado en tu sangre. Tu seno izquierdo sangrante. Hija de puta, te amo tanto.
No vas a negar que te encanta mi morbo, hermosa.
Las sábanas rojas, teñidas de sangre. Tu cuerpo mío, tus sueños de otro. No puede ser.
Tomé tu mano como si fuese la parte más sensible de tu cuerpo, o el cuerpo más sensible de la tierra, y la acaricié con el más puro amor. Besé tu frente y acto seguido, me levanté de la cama, me puse los pantalones de jean, agarré la veintidós corta y salí al balcón. Una bala me quedaba. Una bala y un cigarrillo. El abismo me quedaba, el abismo de mis sueños. No me quedaba nada, y a vos tampoco.
Te gusta mi morbo?
BANG!
*abismal...vacío abismal*
Volveré
12 mar 2007
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1 comentario:
me gustó.....yo usaría en vocabulario un tanto más crudo aún-coca-merca-cigarro...para generar un clima más denzo-será sólo xq me piache
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