Francisco solía sentarse siempre sólo en una ubicación del colectivo. Él prefería por una cuestión de discriminación racional, el asiento ubicado del lado del pasillo, cercano a la puerta del medio, ya que en ese lugar se acumulaba menos gente, estaba a salvo de colisiones frontales, de incendios en el motor y, además, podía bajarse rápido cuando estuviera cerca de la parada. Tampoco tenía la obligación de ceder el asiento, esa obligación que imponen para la gente carente de moral, como él. Nunca se sentaba cuando el colectivo tenía dos puertas. Prefería viajar parado y en el medio, y siempre se hacía el boludo cuando el chofer decía "un pasito para atrás que hay lugar" aunque esto le cueste ser mirado con bronca por la gente que quería acomodarse.
Ese lunes se subió al 126 para su cotidiano viaje semanal al trabajo, desde Directorio y Puán hasta Perú y Diagonal Sur. Las calles, en el barrio de flores, no son tan grises. Es pintoresco y la gente parece saludarse con las miradas. Por suerte el día era soleado para ser un invierno tan crudo y frío. El Astro calentaba sus músculos mientras él avanzaba mecánicamente, focalizando su mente en una mirada introspectiva que lo llevó por un espiral violeta hacia alguna parte oscura de su corazón.
Como ya les conté, Francisco se subió al 126. Pagó el boleto y se fue a la mitad del colectivo, esperando que el señor que iba sentado en su ubicación preferencial se levantara. Esto sucedió luego de dos paradas, con lo cual nuestro amiguito sonrió y se sentó, cómodamente, y apuntó su vista al suelo.
Al rato, una voz femenina y joven, le preguntó "disculpame, sabés cuánto falta para llegar a San Juan?". No pudo evitar sentir el fétido olor a vino que emanaba de la morocha.
"Si, sé" le dijo, sobrando a la inocente y ebria mujer.
"Me avisás?" preguntó amablemente la joven.
"Te aviso...te aviso que tenés un aliento a mierda increíble" respondió Francisco.
"EH ORTIVA QUE ONDA" le dijo la muchacha.
"Qué onda que es tu zanja!" respondió, rojo de bronca.
Un policía que estaba arriba del colectivo interrumpió la pelea.
"Señor, esta srita lo está perturbando?"
"Sí! Esta NEGRA DE MIERDA me estuvo HINCHANDO LAS PELOTAS"
#La mujer terminó guardada en prisión con 3 causas abiertas: Una por abuso sexual, otra por daños y perjuicios y la tercera por invasión a la propiedad.
#Francisco llegó tarde al trabajo.
#El oficial pertenecía a la policía metropolitana. Fue ascendido.
Volveré
31 jul 2009
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4 comentarios:
jajaja puede que tengas una mente un poco perversa, o más que perversa un tanto rebuscada, no?? igual está bueno como sátira de cómo funcionana las cosas hoy.
besos lobos
ninguna sàtira.
exijo que confiese ha pecado de melancolìa barrial, en flores la gente no se saluda con la mirada, ni nada similar. a menos claro, que siga con sus intenciones sarcàsticas hiperbòlicas neoprotofasistas plasmàticas.
mmh.
Catita: Puede que sí.
Gómez.: No pequé de nada. Me parece que el melancómaniático-lico sos vos. Eso fue pura ficción, y vos extrañás el barrio, del que te fuiste, y al que no vas a volver (chan-chan!)
garuuuuuuuaaa.
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